Hambre y sed de fuego
2ª. Crónicas 15:12-15.
INTRODUCCIÓN:
Desde el día que el Espíritu Santo
descendió en Pentecostés, hasta la época
del oscurantismo, el mover del Espíritu
Santo estaba aparentemente opacado. No
había un avivamiento a gran escala donde
se viera el poder de Dios obrar
poderosamente en la vida de las gentes.
Cuando llegó
Isaías 33:14-17:
“Los pecadores se
asombraron en Sión, espanto sobrecogió a
los hipócritas. ¿Quién de nosotros
morará con el fuego consumidor? ¿Quién
de nosotros habitará con las llamas
eternas? El que camina en justicia, y
habla lo recto; el que aborrece la
ganancia de violencias, el que sacude
sus manos por no recibir cohecho, el que
tapa su oreja por no oír sangre, el que
cierra sus ojos por no ver cosa mala:
Este habitará en las alturas: fortalezas
de rocas será su lugar de acogimiento;
se le dará su pan, y sus aguas serán
ciertas. Tus ojos verán al Rey en su
hermosura; verá la tierra que está
lejos”
-
HOMBRES CON HAMBRE Y
SED:
Cuando la luz casi se extingue, Dios
empezó a levantar algunos hombres
con una Sed impresionante de Dios;
hombres que tenían hambre de ver a
Dios obrar como al principio. Sus
vidas pueden inspirarnos a buscar
también al Señor hasta que veamos un
mover sin precedentes en estos
tiempos y empezando el nuevo siglo,
cuando han pasado 100 años desde el
último Pentecostés.
Gracias a Dios, en la
historia de
A.
CHARLES F. PARHAM:
Un
hombre de aspecto delgado,
delicado. Fue inválido y sanado por el
Señor. Se convirtió en un propagador del
hambre divino, fundando una Escuela
Bíblica (una especie de taller de estudios); en 1898 estableció con su esposa
una Casa de Sanidad para los enfermos y
necesitados, al igual que para niños
huérfanos. Parham, buscaba a Dios con
una intensidad sin límites y eso lo
llevó a realizar grandes sanidades y
milagros al punto, que un
periódico de la época comenta:
“Han
pasado tres meses desde que este hombre
vino a Galena, y durante este tiempo, ha
sanado a centenares de personas y se han
convertido ochocientas por su
predicación…comenzó a atraer al público,
mantenía reuniones en una gran tienda, y
pronto las calles de la vencidad
estuvieron atestadas por las noches de
gentes ansiosas de ver y escuchar al
maravilloso hombre que sanaba a los
enfermos, a los cojos, a los mancos y a
los ciegos…”
Las
iglesias de la época estaban apagadas,
casi muertas, pero eso lo único que
generaba era un hambre en muchos de
tener nuevas fuerzas para seguir en el
camino. Algunos se apartaron de sus
congregaciones formando otras con el
propósito de ver a Dios obrar, pero todo
era igual. Carlos, viajó por algunas
partes del país para observar la
búsqueda de muchos y volvió convencido
que Dios derramaría un avivamiento
nuevamente en la iglesia de principios
del siglo XX.
Le
tocó ausentarse por tres días del
colegio bíblico y dejó a sus alumnos
investigar sobre Hechos 2 y el fenómeno
que ocurrió allí. Cuando regresó todos
los alumnos concordaban que la evidencia
inicial de recibir el Espíritu Santo,
era el “Hablar en Lenguas”.
Fue así como el 1º de Enero de
1901, una de sus estudiantes,
Inés Ozman,
cayó bajo la influencia del Espíritu
Santo hablando en Lenguas. Al día
siguiente todos los estudiantes estaban
sentados en el piso hablando en un
lenguaje desconocido. Un día después, 12
Pastores de otras organizaciones que
estudiaban allí fueron igualmente
llenos. El colegio fue asediado por
reporteros, profesores de idiomas,
intérpretes del gobierno, etc. buscando
una respuesta al fenómeno que ocurría;
no sabían que era la respuesta divina
para saciar el hambre y la sed de fuego
que había en esas personas. Fuego
pidieron y fuego recibieron.
B
WILLIAM J. SEYMOUR:
Predicador y pastor negro, quien recibió
la invitación a dirigir una campaña en
los Ángeles California. Había sido
estudiante del Colegio de Parham, pero
no era lleno del Espíritu Santo. Era un
predicador del movimiento de santidad y
aseguraba que era salvo y santo por lo
que tenía el Espíritu de Dios, pero los
acontecimientos de Galenas le invitaron
a buscar profusamente el rostro del
Señor. Había algo que ardía dentro de él
y era llenarse de la experiencia de los
del colegio. Oraba intensamente, ayunaba
y esperaba la respuesta divina; había
hambre y sed de fuego en el corazón del
negro predicador. Ahora, esta invitación
marcaría el inicio de la respuesta a su
sed. Tenía que ir a una pequeña iglesia
Nazarena donde casi todos los miembros
eran negros. El domingo en la mañana
para su primer y único sermón allí, tomó
Hechos 2:4, y proclamó a la congregación
diciendo que la evidencia del Bautismo
del Espíritu Santo era el hablar en
otras lenguas por el mismo Espíritu.
Esto generó gran controversia, ira y
protestas entre los hermanos. En la
tarde cuando Seymour regresó, la puerta
estaba cerrada y celebraban su culto
detrás de ella. La voz era que la
doctrina que traía él era una herejía.
Sólo, vagando por la calle en una ciudad
que no conocía, sin un céntimo (por
que ni para el pasaje le dieron) y
con un sermón que al parecer nadie
quería, se metió las manos en sus
bolsillos y empezó a andar. Pero un
hombre de nombre Lee al ver la
situación, lo alojó en su casa.
Empezaron cultos de oración, donde había
una hambruna por las cosas de Dios;
lloraban, gemían, suplicaban, pedían a
Dios el fuego celestial, hasta que el 9
de Abril de 1906, siete personas fueron
llenas del fuego de Dios y durante tres
días con sus noches no cesaban de hablar
en lenguas. Era un fuego que se esparcía
poderosamente. Cientos de personas se
amontonaban para ver que sucedía en la
casita y muchos con solo poner un pie
dentro del recinto quedaban hablando en
lenguas. Como el grupo creciera, tocó
buscar un lugar más amplio y se encontró
una bodega en la calle Azuza donde se
veía el fuego correr hacia la ciudad. No
había coro, no había instrumentos
musicales, nada, solo poder de Dios,
Fuego que consumía. Una hermana comenta
su experiencia en la Calle azuza de la
siguiente manera:
“la
primera tarde que asistí a la reunión en
este lugar, habían alrededor de una
docena de hijos de Dios, blancos y
negros, ante el Señor, algunos sentados,
otros de rodillas…el hermano Seymour
tomó la palabra
e hizo un llamamiento al altar,
invitando a los presentes a buscar al
Señor para el perdón de sus pecados, la
santificación y para recibir el bautismo
del Espíritu Santo…entonces me sacudió
el poder de Dios…”
C
FRANK BARTLEMAN:
En 1905 oyó un predicador de Londres que
contaba el avivamiento que había en
Gales; esto trajo sobre Frank una carga
y un grito por ver un avivamiento
abundante. Una noche despertó gritando
alabanzas a Dios y sentía la presencia
del Espíritu Santo que lo poseía en el
deseo suyo que lo consumía de
avivamiento. Junto a otro predicador
dice él que subió a un lugar a orar
hasta que la carga era casi
insoportable; gritaban como mujeres de
parto mientras pasaban noches enteras de
oración. Frank se acostaba en el día
volteando en la cama y gimiendo bajo la
carga; tenía hambre y sed de fuego y en
las noches no podía dormir a causa del
espíritu de oración. Él mismo comenta en
su diario:
“Ayunaba mucho – no me
provocaba la comida cuando estaba con
una carga- una vez estuve en angustia de
alma por casi 24 horas sin interrupción.
Casi me mata. La oración literalmente me
consumía, gemía toda la noche en mi
sueño…
Pero fue en 1906 cuando tuvo el honor de
ver el fuego descender sobre su vida.
Fue espectacular al tanto, que lo llevó
a seguir enseñando y proclamando que el
avivamiento se escribe con “A” de
arrepentimiento. El dijo:
“La profundidad del avivamiento será
determinada por la profundidad de
arrepentimiento…tiene que ser preparado
en arrepentimiento para un derramamiento
del Espíritu”
2. ¿TIENES
HAMBRE Y SED DE FUEGO CELESTIAL?
El
pecado y la mundanalidad que invaden a
la iglesia de esta época son por falta
de fuego divino. Se cuenta que unos
líderes usaron escobas durante un
servicio cristiano, para ilustrar la
necesidad de limpieza espiritual, pero
la gente sin Dios y nosotros mismos,
como iglesia, necesitamos más que
dramatizaciones y espectáculos
que pueden ser simpáticos e impresionar
a muchos, pero que no llenan la
necesidad de Dios, ni solucionan nada en
el alma humana.
Tenemos necesidad de fuego verdadero,
y el espectáculo, tan de moda hoy, no es
otra cosa que fuego extraño en el altar.
Es tan inútil como la escoba, que barre,
pero no por si sola, que sirve para
barrer pero no para limpiar ni
purificar,
solo el fuego divino puede hacer tal
cosa.
La
iglesia necesita fuego verdadero,
pero una vida apagada y sin aceite no
puede producirlo, puede tratar de
generarlo, pero será llama extraña en la
congregación. Los falsos profetas de
Baal nunca vieron fuego del cielo, hasta
que Elías clamó a Dios.
►
Fue en una zarza de fuego donde Moisés
encontró a Dios, y nunca más se apartó
de Él,
quien no tiene con Dios un encuentro
ardiente y de fuego nunca entenderá a
Dios y jamás podrá oír su llamado
apacible. Aquel fuego despojó a
Moisés de las sucias sandalias de su
propia justicia y lo puso frente a
frente con Dios. Su llamado fue un
llamado de fuego y eso explica su
vocación profética, él no buscó ser
quien fue,
Dios lo escogió, lo escondió, lo
guardó, lo cuidó, lo preparó y luego lo
pasó por su fuego divino, para tallar en
El, con molduras quemantes, su voluntad.
Moisés subió al monte de Dios, en busca
de una oveja extraviada, iba apagado y
vacío, tan extraviado como la oveja que
buscaba; cuando descendió, él era
otro...
El fuego divino encendió con flamas de gloria y de santidad su corazón e
hizo de él otro hombre mejor.
► A
Elías se le llama El Profeta de Fuego
por causa de su pasión, de su celo y de
su estilo quemante. El sabía como
producir cambios radicales en una nación
que se había alejado de la Presencia de
Dios. Esa generación no conocía al Dios
de Moisés y de Elías, no sabían nada del
fuego que consume y que puede escribir
aun sobre corazones de piedra la
voluntad suprema de Dios.
►
Jesús lo sabía, por eso ordenó a
sus discípulos esperar en Jerusalén,
hasta que fueran investidos de poder
desde lo alto. Ellos oyeron a su
Maestro, subieron al aposento alto, era
el lugar de la cita. Subieron sin
unción, sin saber que pasaría allí. Eran
hasta el glorioso día de Pentecostés,
fríos e indiferentes cristianos con el
bautismo de Juan Bautista.
Pero oraron, velaron, esperaron, y gimieron, hasta que el fuego cayó...
El viento recio del Espíritu Santo con
llamas reales de gloria, los quemó, los
incendió y los cambió para siempre.
CONCLUSIÓN:
Es hora hermanos,
de una nueva cita con Dios, las
tinieblas son muy densas y parecen
apoderarse de la iglesia toda...
Necesitamos otro incendio del cielo,
otro Pentecostés, otro viento recio del
Espíritu Santo... Si lo puedes decir
desde hoy, si podemos clamar desde los
altares que hemos levantado para Dios,
lo que dijo Elías, en su tiempo: MANDA
FUEGO, SEÑOR... Yo estoy seguro que
habrá otro incendio que el infierno no
podrá apagar.

CRISTO VIENE PRONTO



