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PECADOR

HIJO

SIERVO.

 

INTRODUCCIÓN:

 

Al abordar este tema, pretendo hacer reflexionar a los lectores con respecto a que  el creyente  pasa por tres áreas en relación con Cristo. Que el creyente fue un pecador como cualquiera; que es hijo de Dios como lo son muchos, pero que será juzgado como siervo.

 

  1. QUIENES ERAMOS Y COMO FUIMOS JUZGADOS: (Como Pecador)

 

La Biblia enseña que todos estábamos muertos en delitos y pecados, y que ninguno absolutamente teníamos parte en la salvación. Es más, afirma que todo el plan y bendiciones eran para los judíos. (Romanos 9:4, 5 y 18 Pedo 2:10)

 

Pero Dios en su infinita misericordia, le plació salvarnos, dándonos participación en su bendición y permitiéndonos creer en su nombre ( Colosenses 2: 13 y 14; Tito 3:5), de manera que como lo hemos visto, éramos pecadores y es precisamente allá en ese pasado, donde fuimos juzgados. Es decir, cuando recibimos a Cristo como Salvador, automáticamente, nuestra vida de pecadores recibió su juicio y castigo en Cristo Jesús, en la cruz --Fuimos ya juzgados como pecadores. (1ª Corintios 5:21)

 

"Un santo jamás irá a juicio por causa de su iniquidad natural o heredada, por cuanto ya está judicialmente muerto con Cristo, y ya no es conocido o tratado en base a su responsabilidad natural. Como hombre ha sido pesado en balanza y ha sido hallado falto. Nació bajo condenación, en una herencia natural de ira, y nada bueno se ha descubierto en su carne; pero su culpa ha sido borrada por la sangre de su Redentor, y ha sido gratuita y justamente perdonado por causa de su Salvador…”es justificado por la fe” [1]

 

De manera que nadie puede enrostrarnos y acusarnos de pecadores en el sentido ordinario del término, poniéndonos al nivel de los demás. Ni siquiera Satanás tiene autoridad para hacerlo. Debemos tener pues, una conciencia limpia de pecado por que nuestra vida fue ya juzgada como pecadores en el pasado. ( Corintios 4:3-4) y Dios promete que nunca más se acordará de nuestros pecados (Heb 10:17)

Es lógico que si pecáremos, y nos apartáremos del Señor y muriéramos en esa condición, fuéramos  juzgados con todos los rigores de la justicia divina igual que cualquier pecador empedernido. Todo: Los anteriores y los presentes, serían tomadas en cuenta (Ez. 18:24)

 

2.  LO QUE AHORA SOMOS Y COMO NOS VE DIOS: (Como Hijo)

 

El texto Sagrado afirma que “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos  hijos de Dios"  (Juan 1:12) Por el hecho de haber recibido a cristo y tratar de obedecerle, hemos venido a ser por adopción y engendramiento mediante la Palabra, hijos de Dios (Ef. 1:5 y 1ª  Pedo 1:23)

 

De manera que Dios nos ve y nos trata como sus hijos. Por lo menos así lo dijo el mismo Cristo (Mat. 7:11); pero a los hijos se disciplina cuando se les ama. Pablo dice que el hijo a quien no se disciplina o corrige es un bastardo (no legítimo) (Heb. 12:8) Esto indica que el líder como hijo, está siendo juzgado o disciplinado en el presente, al igual que todos los creyentes fieles (Heb. 12:5-8) Este juicio es el que dura toda la vida, mientras el hijo de Dios está en la tierra y el propósito es orientarlo, guiarlo y enseñarlo a vivir según el llamamiento que recibió del Señor.

 

Esa es la razón por la que a veces comentemos errores y vemos como el Señor por medio de alguna circunstancia, nos enseña a superar aunque  nos toque llorar.

 

3.  COMO SEREMOS JUZGADOS EN EL FUTURO: (Como siervo)

 

Todo cristiano, al venir Jesús y ser arrebatados, tendremos que darle cuenta al Señor de lo que hayamos hecho en la tierra (2ª. Corintios 5:10). En este caso, el juicio no será para condenación, sino para valorar el trabajo, la vida y el servicio cristiano. Pablo dice que estaremos frente al “tribunal de Cristo”

 

Existen dos palabras griegas para Tribunal: “Criterion” (Santiago 2:6) que significa “el instrumento o medio para probar o juzgar cualquier cosa”; “La regla por la cual uno juzga”; “Lugar donde se hace un juicio”. En otras palabras, es la norma o criterio por medio del cual se imparte un juicio.

La segunda palabra es Bema, que se empleaba para denotar un lugar elevado, una tarima o plataforma a la que se ascendía por unos peldaños. En Grecia, era la plataforma donde se paraban los jueces o árbitros para entregar los premios a los atletas  que triunfaban en las olimpiadas, pero nunca se usaba como asiento judicial.

 

DIFERENCIA ENTRE EL TRONO BLANCO Y EL TRIBUNAL DE CRISTO: Para el primero se usa la palabra tronos significando “un asiento de autoridad” (Apoc. 20:11) y allí es donde los impíos de todas las eras pasadas y presentes estarán para ser juzgados y condenados. Por el contrario, El Tribunal de Cristo, es:

 

·         Solo para creyentes (2ª. Corintios 5:10). No será para condenación, ni para examinar la cuestión de la salvación, sino para recibir la recompensa por lo que hizo o dejó de hacer (1ª Cor. 4:5) allí será manifestado, demostrado y revelado públicamente el carácter y motivos que lo llevaron a hacer las cosas.

·         Es solo para diagnosticar el servicio de cada uno como siervos, embajadores, mayordomos y administradores. Si el trabajo es acepto o no.

·         El creyente allí conocerá si su tendrá la recompensa esperada o si sufrirá pérdida (1ª Cor. 3:13). Se informará, que material usó, si lo que hizo fue  por impulso de la carne y para su propia gloria (Pablo expresa el deseo de golpear su cuerpo para evitar hacer las cosas por la carne. 1ª Cor. 9:27. estos edificar en heno, hojarasca o madera); o si lo que hizo fue impulsado por el Espíritu Santo para gloria de Dios (oro, plata o piedras preciosas).

 

Conclusión: Como cristianos debemos tener en cuenta que tendremos recompensa o perdida; que igual que los demás creyentes, seremos descubiertos por el Señor en su tribunal; que es posible que no hayamos realizado el trabajo con la altura y sinceridad necesarios, pero allí estaremos.

Como pecadores, nuestro juicio está en el pasado por la muerte de Jesús; como hijos está en el presente y durará toda la vida y como siervos está en el futuro para recibir la recompensa.

 



[1] EVENTOS DEL PORVENIR; J Dwigth Pentecost, Pág. 171.

 


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